martes, 3 de noviembre de 2015

chocolate azul

Estoy en una tienda de chocolates, entre un aparador y una barra, todo está forrado de madera, la vitrina antigüa y firme tiene cristales para mirar las exclusivas y delicadas muestras, detrás de ella hay altos estantes. Entre mis dedos, un prisma suave es hueco por dentro como un ataúd, debe llevar relleno y parece estar vacío, un diminuto hoyo negro ha devorado su interior. Giro hacia los tablones más altos cuando un brillo me hace voltear. Una botella. Su contenido es lo único que existe, no se sabe si es la envoltura metálica de los chocolates o el vidrio de entintado transparente lo que le confiere el encanto azul al aura. Un óvalo dorado con enredaderas decrépitas naciendo en la orilla se vislumbra. El más valioso contenido resplandece.

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