es
llorar con todo el cuerpo
para
mitigar mi soledad de ti
entre
los péndulos que fomentan
el
óxido despierto
es
caer concreta en la realidad
que
interrumpí hace años
estar
presente para mí
como
mirándome a los ojos
confiar
en el instinto
en la
dureza del trabajo constante
y la
sensación firme de disgusto
para
ser sangre que menstrúa
en su
propio ciclo
es
mantenerme constante
en la
presencia dolorosa
en el
placer y el deseo
de tus
manos alejándose de mí
en tu
falta de cuidado para cuidarme
buscar
en cuerpos nuevos
el
abrazo que consuela
tener
que consolarme sola
por el
que no llega y tragarlo
como
he aprendido bien a hacerlo
desde
hace tanto que ha crecido conmigo
encontrar
el dominar ominoso
y la
sumisión turgente
el
caos de tus ojos oscuros y firmes
escandalizar
las calles con tus dientes
que
embonan en los colmillos
manteniendo
el sol naranja y violeta
verte
mover deteniendo el tiempo
ir del
parpadeo de siete años
al
instante de las vidas
que
caben en un día
desesperado
de tu ausencia
y al
escurrirte calentándome las manos
enamorarme
otra vez
de tu
boca abierta gimiendo
saber que no estás
quererte con el cuerpo temblando
envolver
esa suavidad tibia con mis dedos
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